CORRUPCION:
- El fenómeno de la corrupción (ya sea en forma de tráfico de
influencias, o en forma de obtención de favores ilícitos a cambio de dinero u
otros favores) constituye una vulneración de los derechos humanos por cuanto que
generalmente entraña una violación del derecho a la igualdad ante la ley, y en
ocasiones, llega a suponer una vulneración de los principios democráticos,
conduciendo a la sustitución del interés público por el interés privado de
quienes se corrompen.
- Por añadidura, el fenómeno de la corrupción lleva aparejado un
elevado coste social y económico (ver artículo).
CORRUPCION EN COLOMBIA:
1. Volver a posicionar la corrupción como prioridad en
la agenda pública. La lucha contra la corrupción ha pasado a segundo
plano, en un país cuya prioridad es vencer el conflicto armado. La corrupción no
es percibida como el mal mayor y los colombianos no parecen percibir las
conexiones y los efectos nefastos de este fenómeno sobre la efectividad y
legitimidad de las instituciones, la equidad y la justicia social, el acceso a
los derechos, la generación y distribución de riqueza, el fortalecimiento de la
democracia, y sus propias vidas. La corrupción preocupa por los efectos que
produce sobre la sociedad y la institucionalidad.
Las prácticas corruptas impiden lograr los objetivos deseados
por el Estado y la sociedad, reducen y ponen en manos de unos pocos, los
recursos disponibles para fines colectivos; distorsionan el proceso de
decisiones a favor de intereses particulares; contamina el ambiente en el cual
opera el sector privado; aumenta los costos de administración de bienes y
servicios públicos y privados; debilita el respeto por la autoridad; deteriora
la legitimidad de las instituciones y la confianza ciudadana, entre otros
efectos nefastos.
2. Vencer el círculo perverso entre violencia,
narcotráfico y delincuencia organizada como escenarios para corrupción.
El narcotráfico y el fortalecimiento de los grupos armados ilegales como
expresiones de la violencia, han conducido al debilitamiento de la
gobernabilidad y han movido la frontera de la ética en el país. En consecuencia,
han generado un escenario propicio para el auge de la corrupción, y a la vez se
ha convertido en un obstáculo para combatirla. Los fenómenos de violencia,
narcotráfico y grupos armados ilegales, unidos con la intensidad que los vive
Colombia han presionado una mutación mucho más peligrosa de la corrupción: la
captura y la reconfiguración cooptada del Estado.
3. Comprender y actuar con decisión y audacia para
cerrar las puertas a la captura y la reconfiguración cooptada del
Estado. La corrupción en Colombia ha evolucionado a formas más
sofisticadas y complejas, los actores son más diversos, organizados y con
frecuencia están vinculados a redes delincuenciales con objetivos de largo plazo
que buscan afectar aspectos neurálgicos del Estado en sus distintos niveles y
poderes. Sus objetivos son estructurales y ambiciosos pues van más allá de lo
económico, para buscar la consolidación de poder político y territorial y
legitimación social. Combatir este fenómeno creciente que produce efectos
corrosivo sobre la sociedad colombiana en sus distintos ámbitos, requiere
comprender cómo y dónde se manifiesta y diseñar reformas y medidas más
complejas, profundas e integrales que las convencionalmente aplicadas a la lucha
contra la corrupción.
4. Romper con la cultura del atajo y la
ilegalidad. Algunos avances a favor de la transparencia y en contra de
la corrupción, conviven con una cierta tolerancia social de parte de los
colombianos a la corrupción. Con frecuencia, los comportamientos no éticos
(legales o ilegales) siguen siendo vistos como actos de audacia y astucia. La
cultura del atajo, entendida como la obtención de resultados mediante la
utilización de métodos ilegales o no éticos sin considerar las consecuencias,
tiende a prevalecer en distintos escenarios de la vida pública y privada de los
colombianos. De otro lado, una proporción importante de la población justifica
la corrupción en función de los fines perseguidos; desconfían de las actuaciones
de sus conciudadanos y justifican sus comportamientos no éticos (legales o
ilegales) en el inadecuado comportamiento de la mayoría.
5. Ser más estrictos en el cumplimiento de la
legislación existente. Colombia ha ratificado Convenciones
internacionales anti-corrupción y cuenta con un conjunto amplio y suficiente de
lineamientos constitucionales, leyes y normas para avanzar en la lucha contra la
corrupción. Si bien, es necesario afinar la legislación existente en algunos
aspectos, la tarea inaplazable consiste ser más estrictos en su cumplimiento, y
cerrar la brecha que tradicionalmente caracteriza el país, entre la existencia
de normas y leyes y su poca aplicación en la práctica. Es necesario aplicar
mayores sanciones al incumplimiento e incentivos positivos al cumplimiento
efectivo.
6. Estimular una sociedad civil vibrante motivada por
el cuidado a lo público. Los ciudadanos cada vez creen menos que es
posible derrotar la corrupción. Esto genera un cierto desaliento de parte de los
colombianos a exigir mayores compromisos y resultados de parte de los
gobernantes y empresarios frente al combate a la corrupción. De otro lado, los
ciudadanos si bien tienen una alta percepción de que la corrupción es extensa,
no la consideran como uno de los problemas prioritarios que afecta sus vidas de
manera directa y contundente, probablemente debido a que no establecen vínculos
causales entre la gran corrupción e incluso la amenaza de captura del Estado, y
los daños causados a sus vidas en particular o a los bienes y servicios a los
cuales accede cada persona. Es necesario hacer esfuerzos orientados a crear
conciencia colectiva sobre el impacto nefasto de la corrupción y rechazo social
a este fenómeno. Así mismo, es esencial no ahorrar esfuerzos para incentivar la
actuación de la sociedad civil organizada en torno al cuidado de lo público, en
especial a través de los ejercicios de control social.
7. Los
empresarios deben asumir un fuerte y claro liderazgo en la lucha contra la
corrupción. El sector privado tiene el reto de asumir un papel
protagónico en la búsqueda e implementación de soluciones individuales y
colectivas. La condición básica de una empresa socialmente responsable es la
conducción de sus negocios con principios éticos y de transparencia. Una forma
concreta para que los empresarios asuman su corresponsabilidad en la lucha
contra la corrupción, es la puesta en marcha de programas de ética
organizacional al interior de sus empresas y extensivos a su cadena de valor, la
implementación de esquemas de autorregulación para prevenir el soborno en la
gestión empresarial y en particular la adopción de los Principios Empresariales
contra el Soborno. El Estado a su vez, debe impulsar medidas para incentivar a
que las empresas adopten y cumplan con estándares y prácticas de transparencia e
integridad y de prevención del soborno, especialmente entre aquellas empresas
que contratan con el Estado, así como limitar o eliminar la posibilidad de que
estas últimas hagan contribuciones a las campañas electorales. Y los
consumidores deben asumir una actitud responsable en sus prácticas de consumo,
premiar las actuaciones éticas y responsables del empresariado y castigar las
contrarias. Estas condiciones, impulsadas desde el entorno, pueden afectar
notablemente la forma como se relacionan y hacen negocios las empresas, para
avanzar hacia un cambio cultural voluntario que propenda por combatir y
erradicar el soborno de las relaciones de negocio, con el concurso activo del
empresariado, y el interés de un sector público dinámico y vigilante y un
mercado que reconoce a las empresas que caminan en esta dirección.
8. Consolidar un sistema de pesos y
contrapesos. Es necesario revertir en el país, la tendencia de
concentración de poder en el ejecutivo y alcanzar un mayor equilibrio e
independencia entre los Poderes, como condición indispensable para el adecuado
funcionamiento de un sistema de integridad basado en pesos y contrapesos - donde
cada actor vigila y es vigilado-. La lucha contra la corrupción en Colombia
requiere que estos controles operen de forma efectiva y que la interacción entre
los actores se ciña a reglas democráticas y transparentes.
En particular es esencial elevar la eficacia de los Órganos de
Control y la Justicia para investigar y sancionar los hechos de corrupción. La
lucha contra la corrupción en Colombia requiere que la Fiscalía, la
Procuraduría, la Contraloría actúen con eficacia, eficiencia y oportunidad en la
prevención de riesgos de corrupción y en la investigación y sanción de los
casos. Por su parte, el Consejo Nacional Electoral debe actuar con celeridad e
independencia en el ejercicio de su labor de vigilar la actuación responsable de
las organizaciones políticas y la transparencia en la financiación de partidos
políticos y campañas electorales.
9. Sellar las fisuras de la institucionalidad estatal
que expresan los escenarios de riesgo de corrupción en la gestión administrativa
de las entidades del orden nacional, departamental y municipal. Si bien
Colombia cuenta con una institucionalidad cada vez más sólida y transparente,
ésta aún presenta fallas y debilidades en los terrenos de la visibilidad, el
cumplimiento de las normas y la existencia de pesos y contrapesos, configuración
que favorece la ocurrencia de hechos de corrupción. Estas fisuras si bien están
presentes en toda la institucionalidad, tienen sus expresiones más agudas en el
nivel territorial. Es urgente entonces equilibrar el desarrollo institucional
del país, profundizar la descentralización tanto administrativa como política y,
posicionar en ella la lucha contra la corrupción como una de las primeras tareas
para el logro de la autonomía local.
10. Recuperar la legitimidad y confianza en la
institucionalidad democrática y en la política. La falta de
transparencia y rendición de cuentas de los sistemas políticos en Colombia ha
llevado a que el Congreso de la República, las Asambleas Departamentales, los
Consejos municipales y distritales y los partidos políticos no gocen de la
confianza ciudadana y sean percibidos como los más proclives a la corrupción.
Estos órganos son escenarios institucionales por excelencia de la democracia
local, y en esta medida su falta de legitimidad, atenta contra la democracia. Es
necesario impulsar en estos cuerpos mayor transparencia y rendición de cuentas,
regulación del lobby y manejo adecuado del conflicto de intereses, implantación
del voto nominal, cerrar las posibilidades a la filtración de intereses
indebidos de grupos legales e ilegales en la formación de las leyes; y de otro
lado, hacer más transparente los ingresos y gastos de campañas electorales y
partidos, y reformar el sistema electoral colombiano. Los partidos y movimientos
políticos deben ser fortalecidos institucionalmente y deben abrirse a la
inspección pública y asumir responsabilidad por las actuaciones de sus
candidatos y representantes en cargos de elección popular, de forma que se
restablezca la confianza ciudadana en el ejercicio ético de la
política.
Transparencia por Colombia tiene la firme convicción de
que es posible avanzar de manera sustantiva en la superación de estos desafíos,
con el compromiso decidido y la acción articulada de funcionarios públicos,
empresarios, organizaciones civiles y ciudadanos.
La corrupción tiene un efecto profundo y destructor sobre las
sociedades, puede acabar con todo, incluso con la esperanza de miles de
hombres, mujeres, jóvenes y niños que aspiran un futuro mejor y en paz. Hay que
vencer este flagelo. Transparencia por Colombia sabe que no existen recetas
mágicas y ni sencillas para combatir la corrupción, sin embargo, invierte
talento, recursos y persiste en la tarea de entregar a las generaciones futuras
una Colombia libre de corrupción. Y espera poder contactar con el concurso de
sus miembros, aliados, donantes y actores destacados del Estado, el sector
privado y la ciudadanía en esta causa mayor.
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